Enrique Dans

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Investigación y opinión acerca de los Sistemas y Tecnologías de Información
Actualizado: hace 1 hora 58 mins

Otro fantasma del pasado: el callejero

hace 3 horas 45 mins

Si hace unos días hablábamos de la guía telefónica como reflejo del pasado, hoy me encontré otro fantasma: apareció mientras hacía un poco de limpieza en el interior de mi coche, en un recoveco entre la puerta y el asiento, hasta tuve que tirar un poco de él para que se viese mínimamente en la foto: un callejero de Madrid del año 1992 que puede que tenga ya hasta cierto valor arqueológico :-)

La escena tuvo su gracia, porque me recordó que cuando tuve coche por primera vez en esta ciudad allá por el año 1992, ese callejero ocupaba un espacio privilegiado en el mismo, y lo consultaba con profusión: ahora no es que conozca mucho más la ciudad, si me sacas de mis rutas habituales me sigo perdiendo con desesperante facilidad, pero el callejero, tras varios cambios de coche, acabó ahí metido, en ese rincón, asesinado por la tecnología… ni recuerdo la última vez que lo utilicé para algo. Con los taxistas, la misma experiencia: cada vez son más los que llevan GPS y menos a los que les veo consultar un callejero de papel.

En su momento, editar el callejero de Madrid debió ser un negocio verdaderamente interesante. El editor con mayor cuota de mercado, Almax Editorial, era una empresa que disfrutaba de un lucrativo nicho de mercado con la edición de numerosos callejeros de grandes ciudades, guías, atlas y mapas de carreteras, y que aparentemente ha desaparecido (si alguien tiene más información, correcciones, por favor), aunque parece ser que llegó a intentar la transición de su negocio a la red con la creación de una web con contenido cartográfico de la que es posible encontrar alguna reseña. El dominio, almax-editores.com, sigue registrado y con un contacto de ONO-Cableuropa establecido en la última dirección conocida de la compañía, pero se encuentra inactivo. En el teléfono de la compañía, un mensaje grabado indica que ese número no corresponde a ningún abonado. Mi modesta investigación no da para mucho más, pero decididamente, la cosa no tiene buen color.

La sustitución del callejero por el GPS generó, como toda transición tecnológica, sus víctimas. El GPS hizo su recorrido desde aparato caro y especializado hasta electrónica de consumo habitual (fue la estrella de los regalos navideños de hace algunos años), hasta venir de serie en muchos automóviles y disfrazar un precio elevadísimo dentro de la factura total y, finalmente, incorporarse ya en terminales de telefonía móvil y en un número creciente de aparatos. Quienes vendían el precedente analógico de esa tecnología digital, simplemente abandonaron esas líneas de producto o, si su nivel de especialización no lo permitía, desaparecieron… cuando su negocio pasó a acumular tanto polvo como ese triste callejero que me encontré ayer.

Cita en El Universal de Venezuela

Mar, 07/09/2010 - 11:47

Víctor Suárez, de El Universal (Venezuela), cita algunas frases de mi artículo publicado en Expansión, “Telecomunicaciones y mentiras“, en el suyo titulado “Un colapso fingido“.

En Deia, hablando de la crisis fantasma de las telecomunicaciones

Mar, 07/09/2010 - 03:03

Concha Lago, de Deia, me llamó para hablar de temas como la supuesta crisis y la “quiebra del sistema” enarbolada por Telefonica, el fin de las tarifas planas y las posibles consecuencias para la neutralidad de la red, y ayer recogió algunos de mis comentarios en su artículo titulado “La barra libre en Internet se acaba“.

Mientras tanto, en el Reino Unido, O2 ha “redefinido” sus tarifas planas

FaceTime: redefiniendo la videollamada

Lun, 06/09/2010 - 08:43

Uno de los temas estrella presentados por Steve Jobs en el WWDC 2010 fue indudablemente FaceTime, una aplicación de videollamada construida mayoritariamente sobre estándares abiertos y que Apple ha prometido liberar en su totalidad para permitir desarrollos de otras compañías sobre su base. En su versión actual, FaceTime funciona únicamente sobre redes WiFi salvo que se lleve a cabo un jailbreak del terminal, y está asociado únicamente al uso de como terminales del iPhone 4 y del iPod Touch de 4ª generación.

Por el momento, la mayor parte de las opiniones acerca de FaceTime han tenido un componente de uso casual, basado en unas pocas experiencias: llamo a una persona, selecciono durante la llamada la opción de FaceTime, y puedo hablar con mi interlocutor mientras nos vemos las caras, consumiendo en torno a tres megabytes por minuto de conversación.

Hasta el momento, este tipo de aplicaciones han fallado de forma mayoritaria: el incentivo de ver la cara de nuestro interlocutor, contrariamente a lo que el sentido común y la incorporación de códigos gestuales y lenguaje no verbal indica, no es una adición que demande una atención excesiva. Eso, unido a la dificultad de uso no de la aplicación de sí, sino de temas como la postura (hay que sujetar el teléfono con el brazo extendido para evitar que se vea un primerísimo plano distorsionado de nuestra cara, lo que dificulta el uso en lugares públicos), la indumentaria o el entorno, ha llevado a un nivel de uso típicamente muy bajo (aunque se hable de una industria en concreto, la pornografía, que ha cifrado muchas de sus esperanzas en FaceTime). Sin embargo, un interesante artículo en Wired, Steven Levy on FaceTime and sharing the view, apunta un tema muy interesante: el uso de la segunda cámara del dispositivo para compartir con el interlocutor no nuestra cara, sino algo que puede, para muchas cuestiones, ser más interesante: nuestro punto de vista. Así, sujetar el teléfono próximo a nuestra cara y apuntar con la cámara a lo que queremos mostrar a nuestro interlocutor podría demandar un uso bastante más creciente y versátil que aquel para el que la videoconferencia fue originalmente diseñada. Videocasting en vivo, comentarios sobre temas de interés común que están sucediendo delante de la cámara, y toda una creciente gama de posibilidades que irán siendo apuntadas a medida que el tema se popularice.

¿Y tú? ¿Te ves utilizando videollamadas de este tipo con una mínima regularidad? ¿Justificará FaceTime el entusiasmo con el que fue presentado?

Un año más, la guía telefónica

Dom, 05/09/2010 - 08:08

Un año más, aquí está: la guía telefónica en la puerta de casa. Hace ya más de tres años que tengo esta casa: ni una sola vez hemos llegado a consultar la guía telefónica, ni siquiera a extraerla de su envoltorio plástico, y no recuerdo haberlo hecho tampoco en ningún otro sitio: la guía telefónica es un anacronismo total, una imagen del pasado, una operación editorial de enorme magnitud, un gasto descomunal en papel, y un desarrollo logístico de coste inimaginable para servir a un propósito que en un porcentaje cada vez más elevado de hogares carece completamente de justificación.

Las funciones de la guía impresa se han desplazado completamente a la red: cuando necesito un producto o servicio, me voy a la red y lo busco. La red me ofrece todo tipo de información, infinitamente más rica, más fácil de consultar, de manejo más agradable, e incluyendo en muchas ocasiones información no solo sobre lo que la empresa dice de sí misma, sino también lo que dicen de ella terceros que han utilizado sus productos o servicios.

En mi caso, la guía de teléfonos hace años que perdió su cuota de espacio mental: por alguna razón la mantengo en el armario de la entrada, ahí, sin siquiera desenvolverla, pero ni se me ocurre pensar en ella cuando necesito información. En mi caso, pocas cosas se me ocurren más patentemente ineficientes.

Por supuesto, hay usuarios que permanecen completamente al margen de la red: pero ¿echarían mucho de menos la guía telefónica si dejásemos de repartírsela? ¿No podrían repartirse únicamente a aquellos que la solicitasen? No quiero ni imaginarme las magnitudes implicadas en el despliegue: el número de ejemplares de guías telefónicas que se reparten todos los años en España, el gasto en operarios y furgonetas, o el peso de las guías repartidas en toneladas de papel. El sistema se miente a sí mismo: reparte guías a millones de usuarios que no las usan, para poder justificar el importe que cobra a unos anunciantes que pagan por esa falsa cuota de presencia, por ese listado con una eficiencia imposible de medir. Me parece muy difícil que algo así, repartir a domicilio toneladas de papel con un nivel de uso ínfimo, se pueda justificar económicamente. Y sin embargo, estoy seguro de que seguiré encontrándome la guía telefónica en la puerta de mi casa todavía unos cuántos años más.

La desvirtualización de lo virtual

Sáb, 04/09/2010 - 06:16

Resulta bastante curioso por lo que tiene de especie de “paso evolutivo inverso”: en el año 2010, sexto año desde la creación de Facebook, esta red social es utilizada por más de quinientos millones de personas en todo el mundo para desarrollar en un entorno virtual infinidad de acciones, como saludar a alguien o comentar algo, que antes tenían lugar en el mundo físico.

Ahora, algunas de esas acciones ya convertidas en habituales dentro del mundo virtual, como hacer un “Me gusta” o usar una moneda interna, resulta que empiezan a desvirtualizarse, a tener su reflejo en el mundo físico: en breve, podrás acudir a un establecimiento físico para adquirir Facebook Credits, la moneda virtual que permite el intercambio de bienes y servicios dentro de la red social, en una especie de cupones de regalo que algunos ven como las primeras actividades incipientes de lo que podría acabar siendo el Facebook Bank. Por otro lado, Gabriel Medina me cuenta como su empresa ha creado carteles con códigos de barras bidimensionales que cualquiera provisto de un smartphone puede capturar para hacer un “Me gusta” de cualquier objeto real (en la foto, el naranjo que tienen en la puerta de la sede de la compañía), una forma de traer al mundo real una acción ideada originalmente en el mundo de lo virtual, dando lugar a una especie de “Internet de las cosas” que ha sido recogida ya por medios como el San Francisco Chronicle.

El movimiento se inscribe en en la creciente tendencia de interconexión permanente entre Internet y el mundo físico, con temas como Facebook Places, el uso de Facebook como punto de venta o el desarrollo de cartelería física para cosas como los checkins de Foursquare, cosas de las que ya hablamos en su momento. Temas relativamente anecdóticos por el momento, pero que esconden un potencial y unas tendencias interesante a futuro, y que hablan de la creciente integración y desaparición de las fronteras entre lo virtual y lo físico, entre los bits y los átomos, entre los dos lados de la pantalla. ¿Posibilidades? Las que se nos pasen por la imaginación.

Telecomunicaciones y mentiras, en Expansión

Jue, 02/09/2010 - 18:36

Vuelve la columna de Expansión tras el parón vacacional. La de esta semana se titula “Telecomunicaciones y mentiras” (ver en pdf), e intenta exponer la incoherencia que supone hablar de “quiebra del sistema” cuando tu negocio devenga importantes beneficios y lo que has hecho durante los últimos años es no invertir en infraestructuras, incumpliendo la norma fundamental de una industria en la que los clientes son cada vez más y demandan cada vez más ancho de banda.

El sistema, como prueban mercados más evolucionados que el español, es perfectamente sostenible cuando se alimenta convenientemente con la inversión necesaria: basta ver los niveles de uso y las tarifas que existen en países como Japón, Corea del Sur y otros, para entender que las empresas españolas de telecomunicaciones están en realidad hablando de una supuesta crisis que ellas mismas han causado por su falta de inversión en infraestructuras.

Lo que no puede hacerse es provocar conscientemente una situación de retraso tecnológico en un país durante varios años en los que has cosechado importantes beneficios, mantener una situación de precios elevados y servicios deficientes, y posteriormente, tras haber descuidado las obligaciones básicas de inversión en las bases de tu negocio, venir a decir que el sistema va a entrar en quiebra y que es preciso elevar tarifas, eliminar tarifas planas o amenazar la neutralidad de la red.

En El País, hablando de dinero electrónico

Jue, 02/09/2010 - 04:37

Luis Meyer, de El País, me llamó para hablar de dinero virtual frente a dinero en metálico, al hilo de las tendencias de repliegue del segundo frente al primero en países como Islandia, Finlandia o Japón, y de las implicaciones de cara a seguridad, trazabilidad, privacidad, etc. Hoy publica este artículo, “El dinero, de plástico, por favor” (ver en pdf), en el que me cita.

Si quieres promocionar la cultura, liberaliza el mercado…

Mié, 01/09/2010 - 14:56

Completamente pasmado me he quedado al ver en Nación Red estas declaraciones de María Teresa Marín, del Partido Popular de Murcia, que afirma que el gobierno no hace nada por divulgar la cultura en formato digital, y que hay que crear plataformas públicas donde se facilite la difusión y venta de productos culturales.

Puedo estar de acuerdo con la premisa inicial: el gobierno, lejos de promocionar la cultura española, es a día de hoy el principal obstáculo para su difusión. Ha conseguido el muy dudoso mérito de enemistar a una parte significativa de la ciudadanía con una serie de “creadores oficiales” entre los que reparte generosamente subvenciones y dádivas, que falsean con todo descaro las métricas de exhibición y difusión para justificar el acceso a dichas subvenciones, y que se reparten el dinero de un canon injusto e ilegal de manera completamente arbitraria mientras insultan a los que se suponen que deberían consumir sus productos. La connivencia entre los “creadores oficiales” y la ministra más impopular del gobierno provoca sentimientos de abierto rechazo, que se incrementa cada vez que dicha ministra hace alguna declaración a los medios.

Pero de ahí a que haya que solucionar este problema mediante la intervención estatal, va un importante salto. Como bien se ha demostrado en innumerables ocasiones, la cultura no se defiende con subvenciones, dádivas ni dinero público. La cultura no se defiende con “portales oficiales”, sino todo lo contrario: proporcionándole un mercado abierto, con multiplicidad de opciones. En España, la creación cultural está sujeta en su difusión a un monopolio que estrangula completamente sus posibilidades: si quieres acceder al mercado, tienes que pasar por la sociedad de gestión de turno, solo una, que opera en monopolio, y cuyas condiciones tienes que aceptar sí o sí. Unas sociedades de gestión incapaces de entender los nuevos medios, que luchan abiertamente contra el progreso, y que han logrado convertirse en algunos casos en la entidad más odiada de nuestro país, la que concentra odios más acérrimos y unánimes, al borde de la alarma social.

Si quieres promocionar la cultura, da opción a la iniciativa privada y liberaliza el mercado cultural. Permite que cada creador pueda optar por el modelo de difusión que desee, sin monopolios, privilegios ni prebendas. Posibilita que el creador pueda optar por diferentes modelos de gestión que se adapten a sus intereses, que pueda explotar con libertad los nuevos mercados digitales, y que pueda salir al mercado exterior sin encontrarse con aduanas y peajes que hace muchos años que no deberían existir. Permite que el mercado se desarrolle, y que esas nuevas plataformas de comercialización surjan en un entorno que no penalice sus ingresos con importes desmesurados que nadie puede negociar ni discutir porque solo existe un monopolio impenetrable al otro lado. Para promocionar la cultura, no hay que implicar más a papá Estado, sino todo lo contrario: hay que liberalizar el entorno y permitir que se cree un mercado donde no lo hay. Hay que hacer caso al informe de la Comisión nacional de la Competencia, que sabe mucho de esto, y que ni siquiera se encontró con una palabra de defensa por parte del gobierno cuando desde las entidades de gestión se dedicaron a ridiculizar las conclusiones de su informe y a pedir nada menos que la reprobación de su presidente. Informe que, como cabía esperar, no ha sido tenido en cuenta para nada. Si quieres promocionar la cultura, no permitas que una serie de parásitos en las entidades de gestión entren y salgan del ministerio como Pedro por su casa y hagan y deshagan las leyes a su antojo.

Completamente de acuerdo con que no hay que culpabilizar a los usuarios, hay que evitar todo tipo de censura y hay que respetar los derechos intelectuales y económicos de los autores. Pero proponer más intervencionismo público para supuestamente promocionar la cultura es simplemente alucinante. Y viniendo del partido del que viene, todavía más.

En Radiocable, hablando de Telefonica, precios y neutralidad de la red

Mar, 31/08/2010 - 09:32

En Radiocable, dentro de su sección “Internet opina“, me entrevistan y citan hablando de las recientes declaraciones de Julio Linares, de Telefonica, en relación con los precios, la neutralidad de la red y la presunta “quiebra del sistema”.

¿Quiebra del sistema? Nada más lejos de la realidad…

Lun, 30/08/2010 - 09:11

Las declaraciones del Consejero Delegado de Telefonica, Julio Linares, en la primera sesión del XXIV Encuentro de las Telecomunicaciones celebrado hoy hablan de un futuro muy negro para el negocio de las operadoras, hasta el punto de amenazar con una “quiebra del sistema”. Según el directivo de la compañía, resulta imposible encontrar la rentabilidad en un momento en que las necesidades de conectividad de los usuarios se multiplican a gran velocidad merced al crecimiento registrado por redes sociales, blogs y aplicaciones de todo tipo.

Respeto enormemente a Julio Linares, al que considero uno de los directivos de la compañía con más visión estratégica y conocimiento del entorno. Sin embargo, estas declaraciones están completamente fuera de lugar. En una empresa, que las necesidades de los clientes de utilizar tus servicios crezcan de manera desmesurada nunca es una mala noticia, más bien todo lo contrario. Las empresas de telecomunicaciones venden un servicio, y en los tiempos que vivimos, la demanda de ese servicio crece a gran velocidad: que lo haga es, además, una fantástica noticia para todos, porque demuestra que estamos evolucionando hacia una sociedad más moderna, más democrática, más abierta y más interconectada. La evolución de la tecnología, además, favorece el incremento constante de capacidad de las infraestructuras, en una progresión imparable. En estas condiciones, si ante un crecimiento previsto de la demanda elevado, las empresas que proporcionan ese servicio se ponen la venda y gritan socorro, es que algo va mal, muy mal en la forma en la que estas compañías están siendo gestionadas.

Las empresas de telecomunicaciones están muy, muy lejos de llegar a una quiebra del sistema. Todo lo contrario: la rentabilidad de sus operaciones es excepcionalmente elevada, como demuestran sus resultados año tras año y las opiniones de los analistas. Nada, absolutamente nada presagia una “quiebra del sistema”, más bien todo lo contrario. Financieramente, a las empresas de telecomunicaciones en general y a Telefonica en particular les va de maravilla. Pretender, a estas alturas, amenazar con la “quiebra del sistema” es una irresponsabilidad y una falacia, con propósito intimidatorio y casi diría de chantaje: “dejadme hacer lo que quiero y elevar todavía más mi rentabilidad, o si no, os vais a enterar…”

No, las cosas no son así. Para gestionar su negocio, las empresas de telecomunicaciones pueden hacer muchas cosas, salvo amenazar las características que definen a esa sociedad cada vez más moderna, más democrática, más abierta y más interconectada. Las empresas de telecomunicaciones son eso, empresas de telecomunicaciones. Transmiten cosas de un lugar a otro a través de una infraestructura, que además conviene recordar que en muchos casos, como es el de nuestro país, proviene originalmente de un monopolio y fue sufragada con los impuestos de todos los españoles. Las empresas de telecomunicaciones tienen una gran cantidad de opciones para su gestión dentro de lo que el mercado y el regulador les permite: el optar por ofrecer tarifas planas a sus clientes, por ejemplo, fue algo que decidieron libremente, con el fin de provocar precisamente ese desarrollo del mercado del que ahora aparentemente se quejan. Las tarifas planas provocaron un patente incremento en la popularización de muchos servicios y son obviamente la preferencia de los clientes, pero nada impide a las empresas de telecomunicaciones dejar de ofrecerlas, o recortar sus condiciones, siempre que el mercado y el regulador lo permitan. Las tarifas planas no tienen nada, repito, NADA que ver con la neutralidad de la red. Siempre que la red no haga distinciones en función de la procedencia, tipo, protocolo o contenido de los bits que transporta, el hacer que un cliente tenga todo incluido en su tarifa o solo hasta unos límites determinados es una decisión meramente comercial, que en nada afecta a la neutralidad de la red. Si un operador quiere cambiar las condiciones en las que ofrece sus servicios y, por ejemplo, cobrar más a quien más consume, puede hacerlo perfectamente: tendrá que lidiar con las consecuencias que ello conlleve dentro de un mercado competitivo, deberá evitar la colusión de precios y ofertas con otros competidores so pena de sanciones y, eso sí, no podrá meter sus narices en lo que se transmite por sus cables. Eso es todo.

A día de hoy, hablar de “quiebra del sistema” no es más que una manera de presionar a los poderes públicos para presuntamente obtener una legislación más propicia a la ruptura de la norma fundamental de Internet, la neutralidad de la red. Y eso es un gran, enorme y rotundo NO: lo es ya en Chile, lo será si todo funciona como debe funcionar en la Unión Europea, y lo es – y previsiblemente lo seguirá siendo – en los Estados Unidos, pese a quien pese. La red ha sido neutral desde su creación y definición, y la única diferencia ahora es que, precisamente para protegerla de la voracidad de las operadoras, debemos regular el que lo siga siendo. Más allá de eso, se puede perfectamente gestionar una red neutral siendo rentable y sin llevar al sistema a la quiebra, salvo que, simplemente, se sea brutalmente ineficiente gestionando. En cuyo caso, deberían quebrar por incompetentes y dejar sitio libre para que llegue el siguiente competidor.

Estamos muy lejos de una supuesta “quiebra” del sistema, una supuesta “quiebra” que está siendo utilizada como “el coco”, como ese “hombre del saco” que un día va a venir y se nos va a llevar a todos. Mientras las empresas de telecomunicaciones hablan de “quiebra del sistema” a los políticos, su rentabilidad lleva años yendo al alza, y no tiene visos creíbles para, en un entorno de incremento de la demanda, cambiar su tendencia. Menos cuentos de viejas, menos intentar arrimar el ascua a su sardina, y más gestión eficiente y competitividad, por favor.

Conducción y tecnología

Dom, 29/08/2010 - 06:34

Seguramente no llegará a ser una aplicación popular – la necesidad de calibrarlo cuidadosamente cada vez que se monta en el vehículo restringe su uso a quienes tienen un iPhone 3GS ocioso que utilizar de manera dedicada – pero es muy posible que estemos viendo el futuro cercano de los dispositivos electrónicos aplicados a la conducción de vehículos: una aplicación de realidad aumentada para iPhone, ImaGinyze Augmented Driving, que por $2.99 permite montar el iPhone en el parabrisas e interpreta los objetos que tiene ante sí, señalando los carriles, los obstáculos, los automóviles que tenemos delante, las distancias de seguridad en función de la velocidad a la que circulamos, etc.

No la he probado, y desconozco detalles tan importantes como la fiabilidad de la interpretación o el balance entre aporte de información y posibilidad de distracción del conductor, pero estoy seguro de que estamos viendo tecnologías que se irán incorporando progresivamente a la conducción. Los head-up displays (HUD) que permiten recibir información sin necesidad de apartar la mirada, nacieron en la aviación militar, pero están siendo progresivamente adaptados para su uso en todo tipo de vehículos. Y la instrumentación necesaria para obtener dicha información, así como su conexión con la mecánica del vehículo, se ofrece ya montada en automóviles de alta gama, como el año pasado comentaba Martín Varsavsky en su experiencia con un Mercedes S 5L 450HP 4WD de los dedicados al transporte de asistentes al DLD en Munich (Mercedes es patrocinador oficial del DLD).

Por el momento, la aplicación parece ir poco más allá de proporcionar una visión que corrobora la apreciación del conductor y ajusta sus percepciones – estimar la distancia de seguridad es obviamente una cuestión de práctica, y nuestra estimación puede no ser ajustada según las circunstancias – pero tengo mis dudas acerca de, por ejemplo, su utilidad cuando realmente sería interesante, como en situaciones de visibilidad reducida (condiciones meteorológicas adversas, iluminación escasa, etc.) dado que el dispositivo utilizado para captar la imagen es simplemente la cámara del iPhone (combinada, lógicamente, con tecnologías como el GPS o el acelerómetro). Pero tengo claro que la tendencia es hacia dotar a los automóviles de “sentidos” que exceden las capacidades de la percepción humana (radar, cámaras de diversos rangos, etc.) y que, debido a sus implicaciones de cara a la seguridad, podremos ver este tipo de tecnologías en nuestros vehículos más pronto que tarde.

Jailbreaking: una batalla que no conviene luchar

Sáb, 28/08/2010 - 15:31

Buen artículo en GigaOM, Why Apple should end its fight against iPhone jailbreaking, en torno al tema de la aparente paranoia de Apple contra los usos no autorizados de sus terminales. Sin duda, Apple es una empresa con vocación prácticamente dictatorial y dirigida por un completo control freak, y en el tema del jailbreaking podría estar llevando – o al menos, transmitiendo – una estrategia claramente equivocada.

Es importante tener en cuenta que el jailbreaking, en primer lugar, no es más que una reacción del mercado ante el excesivo control ejercido por Apple. Entre la libertad total para que el usuario instale lo que quiera, que plantea obviamente problemas de seguridad y de otros tipos, y el control rígido y absoluto rayano en la paranoia que deja a los usuarios con ganas de probar muchas cosas que no pueden tener disponibles en su plataforma, existen diversas gamas de grises. Y Apple, en este sentido, lleva en el pecado incluida su penitencia.

Por otro lado, es evidente que, como en muchos otros casos similares, hablamos de una batalla imposible de ganar: ante la inteligencia distribuida de muchos programadores y la visibilidad que ofrece ser quien consigue un procedimiento que libere el terminal o reviente la enésima versión de la protección, toda barrera tiene una duración muy limitada. Pero además, en este caso, como en tantos otros, el jailbreaking tiene efectos positivos, pues permite una flexibilización en el uso del dispositivo que puede hacerlo atractivo a un segmento de clientes que de otra manera no optarían por el mismo.

Un cierto nivel de lucha contra el jailbreaking resulta a todas luces necesario: en primer lugar, porque los procedimientos empleados, que suelen comunicarse profusamente, señalan vulnerabilidades que pueden ser explotadas para otros usos potencialmente peligrosos; y en segundo, porque es fundamental para la compañía proporcionar un adecuado nivel de protección a su ecosistema de desarrolladores de aplicaciones. Para éstos, el entorno ideal es uno con un adecuado nivel de control, que impida usos irregulares. Pero de ahí a perseguir a los usuarios y desactivar sus terminales, como se ha pretendido implicar que la empresa pretende, va un mundo.

De hecho, es bastante posible que la patente solicitada por la compañía para dotarse de un kill switch capaz de desactivar un terminal remotamente cuando es usado de forma irregular haya sido ampliamente malinterpretada, y que la compañía no pretenda en ningún caso hacer tal cosa – tras la sentencia que declara legal el jailbreaking, desactivar el dispositivo de un usuario “rebelde” podría traer consecuencias graves para la compañía – sino simplemente complementar procedimientos defensivos para el usuario en caso de robo del dispositivo, como existen desde el principio de los tiempos en plataformas como BlackBerry.

Sin duda, es un equilibrio complejo, tanto en su desarrollo, como en su comunicación. Pero ante una compañía que no comunica nada por vías regulares y con la que es preciso aplicar prácticamente artes adivinatorias, todo se reduce a la interpretación y a la especulación.

¿Es posible el diálogo político en la red?

Vie, 27/08/2010 - 12:43

Ayer estuve investigando, a raíz de un comentario de un lector coruñés (gracias, Roberto), sobre las venturas y desventuras del alcalde de la ciudad, Javier Losada, dentro de la web social. Vaya por delante que no pretendo en ningún caso en esta entrada significarme a favor o en contra de un alcalde cuya gestión desconozco en detalle, sino hablar de una cuestión más de fondo de la que este caso es solo un botón de muestra: ¿es posible el diálogo político en la red?

Las circunstancias específicas del caso pueden leerse en medios como La Opinión Coruña, Xornal de Galicia o El País: el alcalde se ha convertido en blanco de la ira de las asociaciones antitaurinas por su aparente defensa de una fiesta a la que habitualmente acude, y por un criterio de reducción de gastos que le llevaban a, por ejemplo, suspender un festival de rock mientras mantenía el cartel de la feria taurina (tampoco tengo ningún interés en entrar en la discusión sobre si toros sí o toros no en esta entrada). El alcalde es, además, un ferviente usuario de la web social: tiene blog, página en Facebook, canal en YouTube, galería en Picasa y Twitter, y aunque desconozco si los actualiza personalmente, al menos mantiene en ellos un tono muy directo y personal. Ante tal circunstancia, los defensores del abolicionismo taurino han tomado literalmente por asalto las páginas que el alcalde utiliza para comunicarse con la ciudadanía, y responden de manera cansina y persistente a toda actividad en las mismas con constantes mensajes de reproche, impidiendo todo viso de comunicación o diálogo.

La primera premisa es clara: en realidad, no estamos preguntándonos si es posible el diálogo político en la red, sino haciéndonos una pregunta más de fondo que alude a la falta de madurez de la democracia: si realmente es posible el diálogo político (y basta con escuchar las noticias, asomarse a la prensa o leer crónicas parlamentarias para comprobar que, tristemente, la respuesta es no). Pero más allá de este tema, ¿dónde surge el problema específico de la red? El diálogo en la red es posible, como podemos comprobar en muchas páginas bien administradas – ésta, modestamente, entre ellas – pero exige precisamente eso, una cuidadosa gestión de la participación. En una página, a partir de determinado nivel de visibilidad, es imprescindible eliminar trolls babeantes, obsesos que llevan la contraria a todo lo que se expone, argumentos ad hominem, insultos, amenazas, off topics que aprovechan la mínima para llevar el tema a su tejado, spam variado o astroturfing que pretende simular reacciones masivas ocultándose tras varias identidades de manera más o menos sofisticada. Descuidar la gestión de estos temas en función de una presunta libertad mal entendida implica dificultar la comunicación, enrarecer el ambiente, desincentivar la participación más valiosa y terminar favoreciendo la llamada “teoría de las ventanas rotas“, del que hemos hablado ya en otras ocasiones.

Visto así, el problema se reduciría a una buena gestión de la participación en estos foros, a un buen community management. Sin embargo, ¿donde surge el problema? Pues que si ya resulta polémica la gestión de comunidades en una página de temática ordinaria, cuando tocamos la política, la cosa se complica mucho más aún. En política, todos los temas anteriormente citados se elevan a la máxima potencia: los trolls no solo son habituales, sino prácticamente constantes. Es bien sabido que el astroturfing (incluso coordinado desde alternativas políticas contrarias), los insultos, los argumentos ad hominem o los off topics se vuelven moneda habitual. Pero sobre todo, surge una prevención adicional: ¿puede un político aplicar las acciones normales de gestión de comunidad que aplicaría en una página dedicada a otra temática? Cualquiera puede borrar un comentario de un troll, un insulto, un off topic o un ataque de astroturfing: eliminarlo, o incluso, si persiste en su actitud, bloquear al infractor de la política de participación.

Pero ¿qué implica llevar a cabo esas acciones en el ejercicio de la función pública? ¿Puede un político borrar el comentario de un posible elector, o bloquear completamente su participación en un foro determinado? La respuesta, sin duda, es compleja. Bloquear a un ciudadano es algo que, dentro de las reglas del juego democrático, decididamente “no suena bien”. Suena a “ostracismo digital”, a exclusión, a no respuesta a demandas que se asumen genuinas independientemente de la actitud mostrada. El político que aplique gestión de comunidad, será sin duda objeto de duras críticas y podrá llegar a sufrir un importante desgaste. Sin embargo, no hacerlo implica renunciar al diálogo y a la comunicación política en la red. En otros países, en democracias que yo me aventuraría a considerar más maduras que la nuestra, la respuesta también dista mucho de estar consolidada, aunque sí se han dado pasos claros como la eliminación del llamado hate speech, todo aquello que conlleve insultos graves, amenazas, racismo, discriminación, machismo o, en general, todo aquello que implica abiertamente una actitud contraria a la ley y a la convivencia.

¿Mi opinión, por supuesto completamente discutible? La red alberga a un buen número de personas incapaces de mantener en ella una actitud digna y que permita la participación madura. El comentarista bloqueado no iba a ser en ningún caso un votante, y merece claramente el ostracismo digital como consecuencia de su actitud. El que atenta contra la democracia no es el que aplica gestión de la comunidad, siempre que no convierta dicha gestión en el ejercicio de la censura, sino el que impide la comunicación llenando el foro de insultos, off topics o basura en general. En el juego democrático está el derecho de manifestación, pero no el de manifestarse violentamente o el de impedir la convivencia. En muchos sentidos, hablamos de hacer lo mismo en Internet. Y el desarrollo de una actitud clara en ese sentido es indispensable para el desarrollo de actitudes maduras y responsables que faciliten la entrada del juego democrático en lo que será su soporte más importante en el futuro: la red.

Lo que hay que hacer para evitar la estupidez

Jue, 26/08/2010 - 11:36

La industria discográfica y el obsoleto sistema de derechos de autor no para de demostrar su incapacidad para adaptarse a los tiempos que vivimos, y la más que evidente necesidad de una reforma radical.

Hace poco, los amantes del jazz nos encontrábamos con una de esas noticias deprimentes y absurdas que dejan patente la estupidez humana: una enorme colección de grabaciones de jazz de los años ‘30 en posesión del National Jazz Museum, la Savory Collection, queda enterrada en medio de un proceso legal que impide ponerlas a disposición del público, ante la imposibilidad de localizar a los herederos de los derechos de autor y de identificar los contratos que, en aquella época, no recogían la posibilidad de la grabación y distribución de copias.

Otro ejemplo: la Electronic Frontier Foundation (EFF) da cuenta de una deliciosa iniciativa de Musopen para recaudar en torno a once mil dólares necesarios para contratar a una buena orquesta y producir grabaciones libres de derechos de obras de Beethoven, Brahms, Sibelius y Tchaikovsky, cuyos derechos de autor expiraron obviamente hace tiempo, pero no así los de las grabaciones que circulan actualmente. Que existan innumerables grabaciones disponibles de elevada calidad pero sea preciso volver a grabarlas para que una música compuesta hace tantos años sea finalmente libre es una prueba más de hasta qué punto el sistema de derechos de autor actúa como un permanente grillete sobre la creación cultural.

Pero claro, qué se puede esperar de una industria que no duda en afirmar, siguiendo sus cifras, que un sitio como The Pirate Bay ha generado daños económicos por valor de cuarenta y seis veces el dinero que existe sobre la faz de la tierra… cuando oigas cifras provenientes de la industria, ya sabes lo que tienes que pensar.

Wikileaks no es bueno ni malo… simplemente es

Mié, 25/08/2010 - 07:30

Acabo de terminar una entrevista telefónica con una radio española para hablar de Wikileaks, al hilo de la anunciada publicación de la segunda entrega de los documentos sobre la guerra sucia en Afghanistán, y el discurrir del tema sigue, como comentábamos en una entrada anterior, evocando poderosamente lecciones que ya aprendimos en su momento – todos no, solo algunos – en situaciones similares en Internet: ¿se puede “luchar” contra Wikileaks? No, en la medida en que esa lucha no es contra un individuo ni contra una empresa, sino contra la naturleza misma de Internet. ¿Es Wikileaks bueno o malo? Ninguna de las dos cosas, simplemente es.

Los recientes acontecimientos apuntan a una lucha larga contra Wikileaks y su fundador, Julian Assange, sin reparar en que, en realidad, no se lucha contra ellos específicamente, sino contra la capacidad de Internet de reconstruirlos. Insistiendo tozudamente en cuestiones como el “dar ejemplo”, el “castigar para disuadir intentos similares” o el “se lo pensarán antes de hacer otra cosa parecida”, que han demostrado que nunca funcionan debido a las características de la red y de la misma naturaleza humana. Mientras Internet sea Internet – y no olvidemos que existe una corriente de opinión, mucho más peligrosa, que opina que para evitar este tipo de cosas lo que debemos hacer es eliminar Internet y despojarlo de su característica como red neutral – siempre habrá personas con iniciativas similares, puertos seguros en los que cobijarlas, protocolos con los que esconderlas o distribuirlas, y usuarios dispuestos a apoyarlas económicamente.

El problema estriba en querer “perseguir” a Wikileaks con los mecanismos que antes de Internet permitían perseguir iniciativas similares. Antes de Internet, si un medio publicaba algo que no convenía, se podía secuestrar la publicación y se le podía, incluso, retirar la licencia, cerrar administrativamente o encarcelar a sus responsables. Antes de Internet, si alguien accedía a una información y pensaba que esa información, por alguna razón, debía ser sometida al escrutinio público, su capacidad de hacerlo era limitada: las personas no contaban con los medios necesarios para publicar nada, ni mucho menos con la infraestructura adecuada para filtrar información con ciertas garantías de seguridad personal, de comprobación de hechos o de protección de sus fuentes.

La información era esencialmente asimétrica, y el hecho de haber vivido durante siglos en esas condiciones ha alimentado toda una casta de dirigentes que opinan que “hay información que nunca debe ser revelada”, que “el fin justifica los medios” o que “todo vale para según qué”. Afortunadamente, el mismo poder va, lenta y torpemente, poniendo barreras a ese tipo de cuestiones: leyes como como la Freedom of Information Act o la Mandatory Declassification Review, obtenidas tras años de lucha democrática, intentan garantizar que, con las debidas precauciones la información acabará estando disponible para su público escrutinio. Sin embargo, se trata de controles claramente insuficientes y que ni siquiera existen en todos los países: en regímenes corruptos, ni siquiera esa mínima transparencia resulta viable.

¿Es bueno o malo Wikileaks? Juicios de valor hay tantos como personas y como culos: todos tenemos uno. Dependiendo de en qué lado estés y cómo te afecte lo revelado, podrás ver Wikileaks como la mayor de las amenazas o como una necesaria garantía de transparencia. Pretender juzgarlo es, simplemente, una pérdida de tiempo: si Wikileaks cae, si Julian Assange es detenido, o si Bradley Manning recibe una sentencia “ejemplarizante” por haber filtrado unos documentos determinados, poco importa y poco va  afectar a la futura evolución de los acontecimientos. Si no es Wikileaks, se llamará de otra manera, y si no son Julian Assange o Bradley Manning, serán otras personas. Lo importante es que en la era de Internet, mientras la existencia de la neutralidad de la red permita que Internet siga siendo Internet (Wikileaks sería inviable en un mundo sin neutralidad de la red), quienes gobiernan y quienes manejan información tendrán que hacerlo a sabiendas de que ésta siempre tendrá alguna posibilidad de alcanzar la luz pública, y ellos la eventualidad de tener que responder de sus actos ante la justicia. Puedes llamarlo como quieras. Pero yo, decididamente, prefiero un mundo con Wikileaks a uno sin él, y mientras Internet siga siendo Internet, seguiremos teniendo Wikileaks.

The internet of things, un vídeo de IBM

Mar, 24/08/2010 - 08:10

Este vídeo de IBM fue publicado el pasado marzo, y resume algunas de las bases introductorias de eso que se ha dado en llamar “internet de las cosas“, una red en la que el número de dispositivos conectados crece considerablemente y abarca objetos de toda naturaleza, desde la pura domótica a las utilidades, los servicios públicos, y sensores de todo tipo.

Lo he encontrado en esta interesante entrada de ReadWriteWeb dedicada al tema, Three sensor data platforms to watch, en el que hay información también sobre iniciativas en el mismo sentido de HP Labs (producción masiva de sensores capaces de recoger y transmitir datos de vibración, inclinación, rotación, navegación, sonido, flujos de aire, luz, temperatura, parámetros biológicos o químicos, humedad, presión o localización) y de Pachube, una plataforma abierta para el etiquetado y la integración de datos en la que cualquiera puede registrar y usar feeds de cualquier tipo de sensor, y que tiene una web que merece sin duda un vistazo más detallado.

Miso: comparte lo que ves en cine y televisión

Lun, 23/08/2010 - 05:42

Creada por Bazaar Labs, una startup radicada en el Pier 38 de San Francisco, llega Miso (http://gomiso.com), una aplicación que evoca enormemente el uso de Foursquare, pero destinada en este caso a compartir las series de televisión, películas o el contenido audiovisual en general que estamos viendo.

El esquema es enormemente sencillo, como cabía esperar: un proceso de alta simple con comprobación de correo electrónico, tecleas el contenido que estás viendo en una caja de búsqueda, y la aplicación te ofrece opciones. Si lo que estás viendo no está en la base de datos, puedes darlo de alta tú mismo. Una vez seleccionado el contenido, puedes añadir un mensaje breve y compartirlo, bien únicamente con quienes te sigan en Miso, o bien enviarlo a Facebook o a Twitter si previamente has vinculado esas aplicaciones con Miso mediante OAuth. A medida que vas incrementando tu actividad en Miso, o en conjunción con determinadas series o eventos, vas obteniendo badges. Añade clientes móviles para iPhone y Android por eso de que muchas veces cuando ves cosas no tienes delante un ordenador, y todo listo.

Nada nuevo bajo el sol, simplemente una aplicación similar a lo que ya conocemos, pero verticalizada hacia otro tipo de actividad con un indudable componente social. Cuando vemos una serie, una película o un evento, la inclinación a comentarla con nuestros amigos resulta algo completamente natural, y Miso aspira a acomodar ese hábito. Sin embargo, al tiempo que se convierte en vehículo para los comentarios y la actividad de los usuarios, sirve de manera obvia otro tipo de propósitos enfocándola hacia la visión agregada de dicha actividad: puedo, lógicamente, irme a Miso para ver qué series están viendo mis amigos o aquellas personas de cuyo gusto me fío, o ver detalles acerca de la popularidad de un contenido determinado, bien desde la perspectiva de usuario o bien desde la del profesional de la televisión o de otros ámbitos relacionados. En cierto sentido, Miso refleja la idea de la televisión 2.0: poco importa cómo he obtenido el contenido que estoy viendo, lo importante es que lo estoy viendo y, po tanto, lo puedo comentar con mis amigos. Una fuente de datos interesante de cara a medir esos hábitos que los audímetros hace mucho tiempo que dejaron de ser capaces de medir.

¿Futuro? Imposible saberlo. Parece complicado que Miso alcance una difusión mayoritaria más allá de los usuarios habituales de redes sociales y aquellos que gustamos de ir probando todo lo que sale – ámbito en el que acaba de aparecer con bastante empuje inicial – pero en caso de popularizarse, podría jugar un papel importante como referente en ese escenario definido por los contenidos disponibles a golpe de clic. Por otro lado, nada impide a redes sociales generalistas como Facebook operar de la misma manera que lo han hecho en el caso de la geolocalización: pulsar la demanda observando la popularización de otras aplicaciones, y lanzar posteriormente su propio desarrollo en ese sentido teniendo a favor las externalidades de red. Por el momento, iremos probando la experiencia (si quieres seguir la página de alguien con mucho más criterio que yo en esos temas, puedes suscribirte a la de chicadelatele, obviamente quien me enseñó la aplicación :-)

En La Voz de Galicia, hablando de neutralidad de la red

Dom, 22/08/2010 - 06:05

Olalla Sánchez, de La Voz de Galicia, me llamó por teléfono para hablar de la importancia de la neutralidad de la red y de algunos de los tópicos habitualmente relacionados con la misma, como esas confusiones maliciosamente esparcidas de que la neutralidad consiste en que “todos vayamos a la misma velocidad”, que vaya “en contra de la innovación” o que todo tenga que ser “gratis total”. Hoy publica este artículo en portada del suplemento Innova titulado “La neutralidad de la red, a debate“, que acompaña con mi entrevista, “Enrique Dans: ’sin este principio, se crearía una Internet para ricos’” (ver página completa en pdf).