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¿Startups o grandes corporaciones?
Uno de los mejores artículos que he leído en TechCrunch últimamente, “Startups or behemoths: which are we going to bet on?“ se plantea hasta qué punto el crecimiento y el desarrollo económico proviene de las grandes corporaciones empresariales o del tejido de pequeñas startups.
Muchas de las actuales discusiones, como las patentes de software o la neutralidad de la red, obedecen precisamente a esa disyuntiva: las grandes corporaciones las reclaman con toda la fuerza de sus lobbies como absolutamente imprescindibles para el desarrollo y la viabilidad de sus negocios, mientras el tejido de startups florece justamente debido a lo contrario, a un entorno que permite igualar el terreno de juego y desarrollarse sin injerencias y abusos de poder. El fin de la neutralidad de la red perjudicaría precisamente a los emprendedores, a la misma base de la innovación en la red. Las patentes, caras y complicadas de obtener, permiten a las grandes corporaciones precisamente acotar espacios, impedir y ahogar toda posible innovación en ellos. La apuesta es clara. Pero las fuerzas, como estamos pudiendo ver en estos últimos tiempos, están cualquier cosa menos equilibradas.
La pregunta, desde el punto de vista de un español, viene con sesgo y trampa: en España, las startups tecnológicas innovadoras tienen una magnitud ridícula en número total, en creación de empleo y en volumen de facturación, de manera que la imagen del sector en su conjunto está completamente distorsionada. Seguramente ese es uno de los factores importantes detrás del retraso tecnológico español y de gran parte del fracaso de nuestro modelo económico. España es un país de PYMES, éstas contribuyen a la gran mayoría del PIB y de la creación de empleo, pero el porcentaje de esas PYMES que exploran áreas innovadoras es, desgraciadamente, muy pequeño.
En los Estados Unidos, sin embargo, la fotografía es completamente diferente: la mayor parte del empleo neto se debe a las startups, hasta el punto de que sin ellas, durante las últimas tres décadas, no habría creación de empleo neto, sino destrucción del mismo. Las grandes corporaciones han venido destruyendo empleo a razón de un millón de puestos por año desde 1977, mientras las nuevas empresas en su primer año de desarrollo han creado una media de tres millones de puestos anuales en el mismo período. Si una región quiere de verdad impulsar su desarrollo económico, no debería dedicarse a ofrecer incentivos a grandes corporaciones para que se asienten en su territorio, sino intentar promover la creación y desarrollo de muchas pequeñas startups mediante incentivos fiscales, acceso a capital, infraestructuras y facilidades de todo tipo: suponen, paradójicamente, una apuesta mucho más segura. Las cosas son, evidentemente, mucho más complicadas en su análisis, pero la evidencia de los datos llama sin duda a una reflexión.
Las startups generan un tejido económico dinámico, adaptable en su conjunto. Muchas fracasan (la mitad de ellas no llegan a cumplir cinco años), pero el total resultante permite una gran flexibilidad y un aprovechamiento muy superior de todos los resquicios de generación de valor, mucho mejor que lo que las grandes compañías, con sus rigideces e ineficiencias, son capaces de hacer. Desde el punto de vista de innovación y tecnología, el panorama es todavía más claro: dejando aparte algunas excepciones, las grandes corporaciones no innovan, la innovación se da en pequeñas startups que las grandes empresas se limitan a comprar e incorporar (o a veces, destruir). No, para buscar generación de empleo e innovación no podemos mirar hacia arriba ni esperar gran cosa de las grandes corporaciones: debemos mirar hacia abajo.
Freakonomics: the movie
Si te gustaron “Freakonomics” o “Superfreakonomics“, de Steven Levitt y Stephen Dubner, seguramente te gustará el tráiler de la película-documental. Se estrena el 3 de septiembre en iTunes y el 1 de octubre en salas de cine, y tiene muy buena pinta.
Alzheimer y propiedad intelectual
Dos de mis fuentes habituales, Slashdot y Techdirt, referencian este artículo del New York Times, “Sharing of data leads to progress on Alzheimer’s“, en el que se detalla cómo la eliminación de todos los temas relacionados con patentes y propiedad intelectual ha facilitado progresos sustantivos en la investigación de uno de los males más temidos de nuestro tiempo, el Alzheimer.
Ante las dificultades para desarrollar investigación en este área de manera eficiente mediante el método habitual, con múltiples equipos trabajando en diferentes lugares con distintas muestras de tamaño insuficiente y llegando a conclusiones muchas veces incoherentes entre sí, un grupo de médicos decidió crear una iniciativa común, la Alzheimer’s Disease Neuroimaging Initiative (ADNI) para generar un único conjunto de datos sobre los que trabajar, con la condición de que fuese obligatorio para los participantes compartir de manera inmediata todos los datos obtenidos. Nadie sería dueño de los datos, nadie podría patentar nada relacionado con el tema, pero las compañías tendrían total libertad para beneficiarse de cualquier desarrollo de medicamentos o pruebas diagnósticas que se generasen a partir de la investigación.
Cinco años después del comienzo de la iniciativa, los resultados saltan a la vista: múltiples compañías e instituciones han contribuido con sesenta millones en fondos al proyecto, ha sido más sencillo obtener pacientes con los que desarrollar pruebas, se ha generado un conjunto de más de ochocientos pacientes y controles, el archivo de datos ha sido descargado más de tres mil doscientas veces, y la base de datos con imágenes de los escáneres cerebrales, en casi un millón de ocasiones. El esfuerzo ha dado lugar a una gran cantidad de papers de investigación, y a más de cien estudios en progreso sobre fármacos que podrían ralentizar o detener la evolución de la enfermedad.
¿Dónde queda esa teoría que afirma que las patentes son necesarias para incentivar la investigación? En el caso del Alzheimer – y pronto, dados los resultados, en el del Parkinson – existen incentivos suficientes, a pesar del libre acceso a los datos y de la ausencia de patentes, para las compañías que quieran desarrollar tratamientos o pruebas diagnósticas, y la aplicación de transparencia, apertura y compartición de datos ha desencadenado un progreso más rápido de la ciencia médica.
A lo mejor es que todo este tema de las patentes y la propiedad intelectual es algo que como sociedad tenemos que repensar…
Google – Verizon: con disculpas, todavía peor
Las aclaraciones de Google ante el fortísimo aluvión de críticas por la presentación de su acuerdo con Verizon no hacen más que empeorar las cosas todavía más: además de pretenciosas (¿quién es Google para calificar de mitos o realidades las opiniones de los usuarios?), permiten ver todavía más clara la realidad: que Google ha vendido su apoyo a una neutralidad de la red sin condiciones, que ha hipotecado el futuro de la red precisamente allí donde la red se está desarrollando de una manera más activa, y que ha comprado la dialéctica que las empresas de telecomunicaciones utilizan para ir en contra de los intereses de sus usuarios.
Google ha cometido un terrible error. Primero, porque ha negociado con lo que no es suyo. No se puede negociar con la neutralidad de la red, porque la neutralidad de la red no es de Google ni de nadie. Es de todos los usuarios. La neutralidad de la red la ha llevado a ser lo que es hoy: ha posibilitado su desarrollo, la ha convertido en un poderosísimo entorno de innovación en el que no hay que pedir permiso ni pagar peajes para crear valor, ha cambiado la ecuación de poder comunicativo, ha igualado el terreno de juego para todos, ha dado voz a quienes no la tenían, ha dinamizado la economía… LA NEUTRALIDAD DE LA RED NO ADMITE COMPROMISOS. O se está por la neutralidad de la red, o no se está. Es una variable estrictamente binaria, un uno o un cero. Es como la virginidad: no se puede ser “un poco virgen”, o se es virgen, o no se es.
Segundo, porque compromete el desarrollo futuro y la innovación en un área tan necesitada de ella como las redes móviles. ¿Se imaginan un futuro en los entornos de movilidad condicionado a lo que las operadoras quieran permitir que corra por sus redes? ¿Una red en la que hay que pedir permiso u otorgar una participación a la operadora de turno para poder crear alguna iniciativa innovadora? ¿Una obligación de dar parte del pastel a quien no ha hecho nada para merecerlo? ¿Un futuro parcelado en el que determinadas iniciativas solo están accesibles para los abonados de una o de otra operadora? ¿Un mundo artificial con fronteras para los datos y estratosféricos costes de roaming? No, gracias. Las redes del futuro, fijas o móviles, han de ser neutrales. O no ser.
Con la idea de “negociar para que podamos seguir conversando” o “negociar para evitar supuestos males mayores”, Google ha cometido un enorme error, uno que la hace completamente merecedora de las manifestaciones de activistas que hoy comienzan a verse a las puertas de su sede principal en Mountain View: ha vendido los intereses de sus usuarios. Y eso es algo que Google nunca se puede permitir hacer, porque una gran mayoría de sus productos están construidos precisamente sobre sus usuarios: somos nosotros, usuarios de Google, los que con nuestros enlaces y nuestros clics construimos el catálogo de su buscador y damos valor y carta de naturaleza a su algoritmo. Somos nosotros, usuarios, lo que hacemos clic en su publicidad. Somos nosotros, usuarios, los que creamos contenido para que sea indexado. Google no es nada sin sus usuarios. Por tanto, se equivoca de parte a parte si cree que puede erigirse en embajador plenipotenciario y negociar con nuestros intereses.
Google ha caído en la trampa de su propia naturaleza: en lugar de seguir viéndose como una empresa que debe todo a sus usuarios y que debe por tanto defender sus intereses, ha preferido verse como una gran empresa, como un gran actor en una negociación que no le corresponde: durante años ha ido creando departamentos de lobbying y de Public Policy sin darse cuenta de que estaba fichando trabajadores de la industria, políticos y expertos en negociación. Estaba, en realidad, metiendo al enemigo dentro de casa. El mandamiento principal de quien se dedica a este tipo de tareas es claro y sencillo: en política no hay verdades, hay consenso. Y Google, mal aconsejado por quienes no entienden la naturaleza de la compañía y lo importante de sus relaciones con los usuarios, ha caído en la trampa y ha intentado negociar, ha querido buscar el consenso como mal menor, aceptando lo inaceptable. Ha intentado negociar con lo que no es suyo.
Algunos de los amigos que tengo en la compañía me lo han dejado claro: no se encuentran en absoluto cómodos con la evolución de este tema. Lo ven como “algo de los de Public Policy”, una decisión con la que no se sienten identificados. La neutralidad de la red en Google no era simplemente una postura, sino algo próximo a la religión, algo imbricado en el ADN de muchos de los trabajadores de la compañía. Algo que hay que defender a ultranza y donde no caben medias tintas, porque hasta la propia creación y éxito de Google están vinculadas a la existencia de una red neutral.
Me están llegando ya notas de prensa de las agencias de PR de Google pretendiendo explicarme lo inexplicable, y enviándome vínculos a textos que ya he leído hace horas tanto en inglés como en español. No, las explicaciones de Google no arreglan las cosas. Es más, las empeoran más aún. Google se ha equivocado de parte a parte. Y ahora, le toca aprender del error, salir de este lío y rectificar.
Otras entradas interesantes que he leído en este mismo sentido:
- “If Verizon and Google win, we lose“, PCWorld
- “Google, just cut the BS and give the Gordon Gekko speech already“, TechCrunch
- “Why Net Neutrality is critical to startups & innovation“, ReadWriteWeb
- “Google’s lame defense of its Net Neutrality pact“, GigaOM
- “A review of Verizon and Google’s Net Neutrality proposal“, EFF
Entrevista en Applesfera
Fernando Doutel me envió unas preguntas, y hoy publica esta entrevista en Applesfera, hablando sobre mi experiencia como usuario de Mac y algunos otros temas relacionados.
La oposición al acuerdo Google-Verizon, en Cinco Días
Guillermo Sánchez Vega recoge en un artículo en Cinco Días algunas de las posturas de oposición al acuerdo recientemente publicado entre Google y Verizon, y cita algunas de mis frases en esta entrada de ayer. El artículo se titula “Los internautas critican la propuesta de Google y Verizon para la red” (ver en pdf).
Neutralidad de la red: los usuarios tendremos que defendernos solos
El acuerdo entre Google y Verizon presentado ayer pone las cosas claras: Google no es para nada un “abogado defensor” de los usuarios ni defiende en modo alguno una Internet abierta y neutral. Es simplemente una empresa dispuesta a lo que haga falta por incrementar sus beneficios.
El contenido del acuerdo es claro: accedemos a mantener los principios de la neutralidad de la red en la Internet de hoy, a cambio de vender nuestros principios en la Internet de mañana. Una auténtica hipoteca que permite a las operadoras vulnerar la neutralidad en los cada vez más populares servicios móviles, bloquear lo que deseen bloquear y privilegiar lo que les venga en gana privilegiar, así como desarrollar una “Internet para ricos” en la que este principio regulador y director de lo que ha sido la Red hasta ahora no tenga la menor importancia. Aplicando una cita de Groucho Marx, “estos son mis principios: si no le gustan, tengo otros“.
Hipotecar la Internet del futuro a cambio de un compromiso de las operadoras es, simplemente, una estupidez. La permanente innovación y las leyes del mercado han asegurado en todo momento que las supuestas capacidades limitadas de las redes móviles y la rentabilidad del negocio de las operadoras no estuviesen en ningún momento en peligro: están amenazando a los gobiernos con argumentos falsos, con faroles de jugador de poker. Que Google colabore en algo así no hace más que dar la razón a sus críticos. La historia dirá hasta qué punto tenía Google que haberse metido en un acuerdo así, y qué beneficios le ha reportado.
¿La buena noticia, si es que puede haberla? Que se trata de un acuerdo entre compañías, que la FCC y los reguladores pueden ignorar completamente a la hora de dictar sus normas. Que si el nivel de protesta de los ciudadanos y organizaciones es suficientemente elevado, es posible que aún podamos defendernos solos. Que buena falta nos va a hacer.
Bienvenidos al Departamento de Precrimen
Era la propuesta argumental central de la película “Minority Report“, con guión desarrollado sobre un relato corto de Philip K. Dick: en el año 2054, un Departamento de Precrimen capaz de predecir cuando un asesinato iba a tener lugar, actuaba de manera preventiva personándose en el lugar de los hechos, interrumpiendo el devenir de los acontecimientos, y arrestando al que iba a ser culpable. En la película, las actuaciones se basaban en un sistema completamente acientífico en el que tres supuestos “videntes” podían “ver el futuro” merced a modificaciones en su cerebro provocadas por historiales de uso de drogas durante el embarazo, una historia de pura ciencia-ficción. Pero ¿qué ocurre si aproximamos más el tema a la realidad mediante el uso de la estadística?
Un profesor de la Universidad de Wharton, Richard Berk, ha desarrollado un modelo de estadística predictiva capaz de asesorar a los oficiales encargados de decidir sobre las peticiones de libertad provisional, con el fin de reducir el número de ocasiones en las que los reclusos que acceden a este régimen vuelven a cometer crímenes. El sistema está en uso ya en Philadelphia y en Baltimore.
El sistema tiene implicaciones sumamente complejas: por un lado, aplica un planteamiento puramente estadístico, cuenta con una amplia base de cálculo obtenida a lo largo de series temporales muy amplias, y resulta impecable desde un punto de vista metodológico. Variables tales como ser hombre de menos de treinta años, con amplio historial de crímenes violentos, con uso de armas de fuego, residente en un área de criminalidad elevada y que cometió su primer crimen a los trece años se convierten en factores que indican una elevada probabilidad de volver a delinquir y, por tanto, desaconsejan la concesión del régimen de libertad condicional. Por otro lado, va claramente en contra de la idea de “todos somos iguales ante la Ley” y niega claramente el principio de individualidad o libertad de acción, atribuyendo la conducta criminal más a un conjunto de circunstancias que a la voluntad del ex-delincuente: si cumples con las variables que el sistema señala, poco importaría tu propósito de enmienda o tu voluntad de rehabilitarte.
En el caso de Philadelphia, lo que el sistema ha desencadenado no ha sido una aplicación automática, sino una reasignación de los casos: en lugar de ser repartidos de manera uniforme entre los oficiales, se ha desarrollado un procedimiento que permite que los casos que el sistema designa como de elevado riesgo reciban un mayor nivel de atención por parte de oficiales especialmente designados, que trabajan con un menor número de casos. En cualquier caso, la aplicación del sistema, aunque pueda justificar su eficiencia con descensos en los niveles de criminalidad, no estará exenta de polémica. El Departamento de Precrimen, cuarenta y cuatro años antes de lo previsto.
ACYNOS reloaded
Entrevistado por Norberto Gallego
Norberto Gallego me entrevistó para La Vanguardia hace algunos meses con motivo de la publicación de “Todo va a cambiar“, pero ahora publica una versión más completa de aquella entrevista, ya sin restricciones de espacio, en su blog personal.
Hablando sobre neutralidad de la red en El País
Rosa Jiménez Cano dedica un muy buen artículo a la neutralidad de la red en El País, “¿Quién quiere acabar con la neutralidad en la Red?“, en el que me cita brevemente y para cuya preparación me pidió la recopilación de entradas dedicadas al tema en el blog. El artículo de Rosa aparece acompañado por una columna de Jose Alcántara y David de Ugarte titulada “Una pésima idea“, igualmente muy recomendable.
En La Voz de Asturias, hablando de conectividad y vacaciones
Bernaldo Barrena, de La Voz de Asturias, me llamó para preguntarme por mis hábitos de uso de tecnología y conectividad durante el parón vacacional, y hoy utiliza algunos de mis comentarios como contrapunto a otras opiniones en su artículo titulado “Nunca viajaré sin mi portátil“.
En mi caso, durante las vacaciones mantengo el hábito de la lectura de feeds prácticamente inalterado, tal vez incluso dedicándole algo más de tiempo a la lectura relajada en lugar de la habitual lectura funcional. Mantengo el blog activo, aunque desaparece prácticamente el trabajo de escribir artículos para otros medios, lo que relaja considerablemente la presión de fechas de entrega. Desaparecen también, lógicamente, todas las obligaciones de la vida académica: corregir, mantener las clases online, o actualizar las diversas plataformas de mis cursos. Y con respecto a redes sociales o microblogging, pocos cambios: mantengo mi presencia en Twitter, Facebook o Foursquare, pero no me suponen un drenaje de tiempo, como tampoco lo hacen fuera del período vacacional: suelo actualizarlas desde el móvil, y no me ocupa más que algún minutillo suelto, aunque curiosamente muchas personas con las que hablo piensan que mi presencia ahí supone “estar todo el día colgado del ordenador”… nada más lejos de la realidad.
Mi tesis con respecto a las actitudes de rechazo a la tecnología e el tiempo de ocio es que se deben a la manera en la que los ordenadores se introdujeron en la vida de mucha gente: como una herramienta asociada al trabajo, y que por tanto, rechazan en vacaciones. Conozco muchas personas que mantienen una actitud del tipo “no quiero ordenador en mi casa” o “no me conecto en vacaciones”, cuando en realidad la tecnología y la conectividad sirve para muchísimas más cosas además de trabajar y supone una dedicación perfectamente razonable en tiempo de ocio. Ese reflejo disminuye notablemente en los jóvenes, que por lo general prefieren mantenerse completamente conectados en vacaciones: para ellos, lo normal es estar conectado, y las vacaciones no deben suponer una discontinuidad en ese sentido.
En mi caso, y en el de mi familia, estar desconectados supondría una fuente importante de estrés y de incomodidad. La conectividad es una parte normal de la vida, algo completamente aceptado. Simplemente, no se desconecta nunca, estar desconectado supone una anomalía indeseable, una molestia.
¿Y tú? Si estás leyendo ésto, lógicamente serás de los que tiende a no desconectar, pero… ¿cómo cambia tu uso de tecnología y conectividad durante las vacaciones?
Los hitos del advenimiento del libro electrónico
Un artículo en GigaOM, “How eBooks won the war“ utiliza como argumentos la velocidad con la que están creciendo las ventas de libros electrónicos para declararlos ganadores de la guerra contra el papel, y comenta los tres hitos principales que a su juicio han marcado una transición a la que fuera del mercado norteamericano, y sin duda si tomamos como referencia España, todavía nos encontramos unos cuantas etapas por detrás:
- El Kindle a $139: yo lo extendería, en realidad, al impacto de la competencia dentro del segmento de eBooks. Tenemos ya lectores de todo tipo, en una amplia gama de precios, y vendiéndose en los hipermercados. Una amplia proliferación de dispositivos atractivos pensados principalmente para la lectura de libros y documentos, unido a la llegada de dispositivos multifuncionales como el iPad (y la previsible entrada de dispositivos similares en competencia por el nicho abierto por Apple y sus más de tres millones de dispositivos vendidos) en los que resulta perfectamente natural leer un libro.
- El primer autor que supera el millón de eBooks vendidos: el sueco Stieg Larsson entra en la historia e inaugura el “Kindle Million Club”, al que previsiblemente se irán uniendo otros autores a medida que pase el tiempo. Representa claramente la entrada del lector de best-sellers, de libros de ficción, frente a un público anterior más restringido y que consumía principalmente libros de no-ficción con cifras de circulación más restringidas. Los dispositivos, ya no en manos de la élite tecnológica, sino de cualquiera con afición a la lectura.
- La caída de Barnes&Noble: la cadena de librerías físicas más importante de los Estados Unidos, Barnes&Noble, publica resultados que revelan sus dificultades económicas, y anuncia que está buscando un comprador, achacando el declive al crecimiento en popularidad de los libros electrónicos.
En el medio, un actor importantísimo: Amazon. Una jugada maestra que le ha llevado a vender ya más libros electrónicos que editados en tapa dura, además de poner en circulación un importantísimo parque de dispositivos, popularizar todo un segmento, y poner en marcha un servicio que convierte el libro en completamente virtual y permite leer desde prácticamente cualquier dispositivo provisto de una pantalla. El libro electrónico era lo que Jeff Bezos tenía en la cabeza cuando creó Amazon en 1994: la verdadera esencia de su ventaja competitiva llegaba cuando además de ser la librería más grande del mundo, podía además ir disminuyendo progresivamente la dependencia de la una logística física que solo le proporcionaba desventajas o le permitía ventajas marginales, para centrarse en el envío inmediato de raciones de bits. Una importantísima transición tecnológica, ocurriendo a gran velocidad y que afecta a toda una industria con varios siglos de antigüedad, catalizada fundamentalmente por la visión y trayectoria de una persona. Sencillamente impresionante.
Los paralelismos entre Wikileaks y Napster
Llego a través de esta buena reseña en Techdirt, “How the Pentagon’s reaction to Wikileaks is like the RIAA’s reaction to Napster“ a este gran artículo del New Yorker, “Chasing Wikileaks“, que resalta los claros paralelismos entre las reacciones que el gobierno y las autoridades militares de los Estados Unidos están mostrando frente al caso Wikileaks y las que en su momento desplegó la Recording Ass. of America (RIAA) frente a Napster.
El Pentágono está protagonizando una importante batalla legal centrada en perseguir la actividad y a sus responsables – ya hay desde opiniones que piden al gobierno el empleo de fuerzas militares para poner a Julian Assange delante de la justicia, hasta incluso peticiones de pena de muerte para el militar implicado en una de las filtraciones, Bradley Manning – sin tener en cuenta que en caso de caer Wikileaks, muchos otros sitios estarían dispuestos a tomar su relevo de manera prácticamente inmediata. Wikileaks no es el problema, es el síntoma.
Es imposible, incluso para el gobierno y el ejército de los Estados Unidos, luchar contra el esfuerzo determinado y descentralizado de muchas personas que desde el anonimato intentan sacar a la luz situaciones como las que Wikileaks denuncia. Prohibir al personal militar que accedan a Wikileaks es simplemente esconder la cabeza bajo la arena. Solicitar la devolución de los documentos es otra soberana estupidez. Aunque el gobierno y el ejército de los Estados Unidos tienen leyes como la Freedom of Information Act y la Mandatory Declassification Review para intentar que las situaciones indeseables puedan ser denunciadas y expuestas a la luz pública, estos mecanismos funcionan mal, son lentos o están excesivamente mediatizados como para ser de utilidad: Wikileaks realiza esta función infinitamente mejor, y termina por resultar mucho más disuasorio de cara a la erradicación de este tipo de conductas que los propios mecanismos oficiales.
La única manera de luchar contra Wikileaks es haciendo lo mismo que Wikileaks: evitando que haya casos que denunciar. Promoviendo mecanismos de transparencia y, lógicamente, erradicando los comportamientos que Wikileaks denuncia. Entra en Wikileaks, lee los títulos de los múltiples casos expuestos, y adquiere una opinión fundada: Wikileaks no tiene nada que ver con la traición y el espionaje, sino con la revelación de situaciones que bajo ningún concepto pueden justificarse y que jamás deberían haber tenido lugar.
La música y los beneficios de la web
Un buen artículo de Shane Richmond, sobre la banda norteamericana The Pixies en el Telegraph, “The Pixies: just a couple of emails can really engage fans“, pone de manifiesto como algunos artistas ya van utilizando cada vez más la web como forma de hacer aquello para lo que la web es mejor: reducir la distancia con los fans y proporcionar a éstos razones para comprar.
Utilizando herramientas diseñadas por Topspin, la compañía dirigida por Ian Rogers – de quien hemos hablado en otras ocasiones – el grupo se relaciona directamente con sus fans, preanuncia las giras de conciertos, vende entradas que los fans se imprimen ellos mismos y son escaneadas en la puerta mediante un simple iPhone, e incluso preguntan a los que han adquirido entradas qué canciones les gustaría escuchar en el concierto o usan el contacto para enviar vínculos de descarga a un par de canciones grabadas el día del concierto en cuestión, haciendo que los fans se sientan mucho más parte integrante de la experiencia.
Una interacción directa con su público a través de herramientas sencillas, disminuyendo la distancia percibida entre el creador y sus fans. Un buen uso de la tecnología para aquello para lo que realmente vale, reducir fricción. Mucho más productivo e inteligente que dedicarse a lloriquear al gobierno de turno, perseguir e insultar a los usuarios, o solicitar prebendas y subvenciones con la excusa de que “la música se muere”…
Tuenti, Telefonica y las múltiples lecturas de la historia
Tuenti vendido a Telefonica por setenta millones de euros. Enhorabuenas para sus inversores y para todos aquellos a los que la entrada de dinero fresco convierte en millonarios, para todos los que tuvieron la oportunidad y la visión de entrar en el capital en su momento, o para los que salen con el bolsillo lleno de un proyecto que ya no sentían tan suyo porque su gestión se había complicado debido a las distintas mentalidades de sus accionistas.
Para la industria en general, la operación es muy buena. Trae movimiento e interés, deja claro que aquí el que no se mueve se puede encontrar de repente o bien no saliendo en la foto, o viendo como el que sí sale en ella es ese competidor que se supo mover más rápido que él. Queda patente que en España hay empresas que entienden la red, que saben moverse en ella, y que eso hay otras empresas que lo saben valorar a la hora de plantearse su futuro en la misma.
Para Tuenti, la historia es diferente: pretender que Telefonica “invierte” en Tuenti no es más que un simple eufemismo cuando en realidad lo que hace es adquirirla en su totalidad, y suponer que, como dice, va a mantener sus manos fuera de la gestión cuando ya ha nombrado a una nueva presidenta (otra enhorabuena para Susana, a quien tengo el gusto de conocer desde hace tiempo inmemorial) es, simplemente, no conocer “la casa”.
Sinceramente, me encantaría comprobar que Telefonica ha aprendido algo de la operación de O2, con la que pudo ver cómo a veces no tocar la gestión de una empresa que va bien es el mejor de los consejos, pero me cuesta creerlo: O2 era una empresa que Telefonica “entendía”, en la que podía supervisar cada movimiento, situada en un mercado diferente y libre del “efecto sede”, y con un tamaño y características que la hacía merecedora de un tratamiento singular. Tuenti es una operación pequeña para Telefonica, está en Madrid, y lo peor, se dedica a algo que Telefonica es incapaz de entender. Ojalá me equivoque, pero creo que los tiempos que se avecinan serán de auténtica pesadilla para unos gestores acostumbrados a la independencia total, sometidos ahora a una compañía que visualiza todas las pretendidas sinergias yendo en una sola dirección, y para la que el futuro significa hacerla crecer en direcciones por las que el equipo gestor no quiso aventurarse. Mi apuesta es que el equipo gestor se quedará el tiempo que se haya visto obligado a pactar con sus nuevos jefes, y después, aquí paz y después gloria. A por la siguiente aventura.
¿Cuánto valor le quedaba a Tuenti por capitalizar? Desde mi punto de vista, mucho. Nunca oculté mi valoración positiva por esta compañía: Tuenti había demostrado ser capaz de poner en práctica un modelo de monetización comparativamente muy respetuoso con el usuario y enormemente interesante para los anunciantes, y estaba trabajando para convertir en objetos sociales muchas de las actividades habituales en la vida de sus usuarios, esos “nativos digitales” que tanta importancia tienen a la hora de marcar tendencias de futuro – para bien o para mal. La valoración de Tuenti no me parece en absoluto descabellada: representa el potencial que la empresa tenía de seguir aportando valor a más de ocho millones de usuarios enormemente fieles con los que todavía no se había avanzado en muchas de las posibilidades de monetización, particularmente las transaccionales, de enorme potencial. Una valoración de menos de diez euros por usuario actual está sensiblemente por debajo de otras operaciones comparables, y aún habría que meter en la ecuación las posibilidades de expansión a otros mercados. Que la empresa pueda llevarlas a buen fin bajo su nueva propiedad es otra cosa, pero las valoraciones se hacen así, con respecto a lo que se espera hacer si las cosas fuesen hipotéticamente bien, sino nadie vendería ni compraría nada.
Por otro lado, la imparable expansión de Facebook y los problemas internos entre socios llevaban a ver Tuenti como una especie de bomba de relojería: o vendían, o el tiempo podía empezar a jugar en contra de su valoración. Que Telefonica sea, en ese sentido, el mejor socio, o que el diseño de la operación haya podido ser la mejor forma de aportar valor y posibilidades de futuro a la compañía es algo que, ante la ausencia de noticias de otros hipotéticos compradores, poco importa ya.
Criptografía clásica (XI)
Dimensionando la empresa en la web social
Una interesante entrada de Mashable, “Inside Gatorade’s social media command center“, nos da una idea del dimensionamiento que una empresa de productos de consumo da a la función de desarrollarse dentro de la web social: herramientas sofisticadas de monitorización en tiempo real desarrolladas a medida, un equipo de unas cinco personas dedicadas, información accesible desde cualquier puesto en la compañía…
Sin duda, una empresa que se ha tomado en serio la enorme pujanza de unas redes sociales que ya han desplazado a todo el resto de usos de la web en el mercado norteamericano, marcando una tendencia que sin duda se extiende al resto del mundo. El objetivo marcado para el proyecto, denominado “Mission Control” lo definen como “tomar a la mayor marca deportiva del mundo y convertirla en la marca más participativa del mundo”, y no es ni más ni menos que poner al social media como eje principal de todo el marketing de la compañía: promover la relación directa con los clientes, los atletas y los influenciadores de opinión, entrar en diálogos activos acerca de todo aquello que tenga que ver con la marca y su ecosistema, y monitorizar la actividad para destilar información al respecto. El vídeo que han creado para ilustrar el proyecto lo ilustra de manera clara y mantiene la coherencia con la comunicación habitual de la marca:
El asunto me recuerda una reciente entrada en Pop mk titulada “El Community Manager es el nuevo ‘Webmaster’. Y sigue siendo una mala idea“, en la que Ferrán desarrolla la idea de cómo las funciones sociales de una compañía no pueden ser desarrolladas por tan solo una persona, como en su momento “la página web” no podía tampoco serlo y requería de un equipo más ambicioso con funciones claramente definidas. La entrada, entiendo, es una reacción a esas empresas que piensan que para estar al día hay que “contratar a un community manager y ya está”, cuando en realidad la cosa, evidentemente, va mucho más allá – con el problema añadido, claro está, de que en nuestro país todavía son muchas las empresas que ni siquiera han dado el paso de contratar a un community manager y que siguen pensando que “eso de las redes sociales” es algo que hay que prohibir porque son una “lamentable pérdida de tiempo”.
Hablar de community management, de marketing en la web social o de Social Relationship Management va evidentemente más allá de únicamente contratar a un community manager, entre otras cosas porque resulta difícil plantear la interacción social de una compañía como algo que únicamente funciona “de nueve a seis menos la hora de la comida”, y trabajar más de ocho horas, aunque desgraciadamente sea práctica común, es algo que no debería responder a un planteamiento serio. Las empresas necesitan hacer bastante más que contratar a una persona para enfrentarse a algo que supone el mayor cambio en el modelo de interacción con sus clientes que hemos vivido desde la Revolución Industrial, y además, esto va a afectar a prácticamente todas las compañías, no solo a las más grandes: si eres PYME, que sepas que también se está hablando bastante del tema. La web social no es una moda, está aquí para quedarse. Dejarla fuera de tu estrategia o no dimensionar adecuadamente los medios para desarrollarte en ella es, claramente, un error.
El dilema de ser demasiado seguro
La reciente decisión de algunos países árabes de suspender determinados servicios de la plataforma BlackBerry pone a RIM en una situación sumamente compleja. La prohibición se debe fundamentalmente a la imposibilidad de ejercer un control gubernamental sobre la información que circula a través del sistema, un sistema que fue diseñado y certificado, no lo olvidemos, para ofrecer a sus clientes corporativos una seguridad a prueba de bomba.
RIM es una empresa muy peculiar: nacida y crecida para ofrecer productos y servicios a clientes corporativos, la compañía mantiene todavía una fortísima cultura de orientación hacia las necesidades de las empresas y de sus responsables de IT, a pesar de su gran desarrollo dentro del mercado de consumo. Los principales clientes de RIM son grandes empresas y corporaciones que valoran enormemente cuestiones como la seguridad, y esta seguridad se mantiene, entre otras cosas, gracias a un sistema que cifra todo el tráfico y lo canaliza a servidores específicos situados fuera del alcance de los gobiernos, a través de un sistema de cifrado de 256 bits controlado por la propia RIM que, según afirma la compañía, impide la monitorización de cualquier entidad externa o incluso por parte de la propia RIM. Desde China, por ejemplo, resulta perfectamente posible acceder a cualquier página web, incluyendo aquellas que transgreden claramente las normas de la censura gubernamental, si se hace a través de un terminal Blackberry.
¿Qué pretenden los países protagonistas de la prohibición? Eufemísticamente, afirman pretender “una solución compatible con las leyes locales”. Es decir, el establecimiento de un servidor proxy dentro del país, abierto a la monitorización gubernamental. La excusa es la de siempre: el supuesto temor a un uso de la red para la transmisión de mensajes vinculados al terrorismo o al desarrollo de movimientos insurgentes. En el fondo, hablamos de la clara violación de uno de los derechos humanos, la confidencialidad de las comunicaciones, en países en los que tradicionalmente el respeto a esos derechos humanos pocas veces ha recibido una prioridad demasiado elevada. Pero en el trasfondo, subyace el interés de estos países por presentarse como alternativas viables para el desarrollo empresarial, auténticos nodos para la inversión extranjera, algo difícilmente compatible con la posibilidad de espiar las comunicaciones corporativas.
RIM cuenta con medio millón de usuarios en los Emiratos Árabes y unos cuatrocientos mil en Arabia Saudí, pero la decisión que tome con respecto a este tema va, en realidad, mucho más allá. Además de determinar las futuras relaciones de la empresa con otros estados con políticas similares, determina, por ejemplo, el nivel de seguridad al que estarían sujetas las comunicaciones corporativas cuando un usuario se desplaza a estos países. La seguridad de la plataforma fue determinante, por ejemplo, a la hora de decidir que el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, pudiese mantener su BlackBerry en funcionamiento tras ser elegido: ¿imaginamos un escenario en el que sus comunicaciones a través de la plataforma estuviesen comprometidas cuando viaja a determinados países? Las empresas no solo pagan por un terminal: pagan por un nivel de cifrado determinado y una seguridad que supera las pruebas más rigurosas. Empezar a abrir la plataforma a las ansias de control de gobiernos poco respetuosos con los derechos humanos supone, a todas luces, un problema de seguridad. Pero renunciar al desarrollo en esos países, muchos de ellos importantes o emergentes, también supone un problema de viabilidad para una empresa como RIM, a la que muchos dan consejos para mantener su actual relevancia dentro del mercado. Y por supuesto, plantea dudas que van más allá: ¿está realmente la plataforma completamente a salvo de la monitorización gubernamental en países como los Estados Unidos, que han desarrollado importantes esfuerzos por la monitorización de las actividades de sus ciudadanos para evitar la amenaza del terrorismo? ¿Que ha pasado en India, donde los problemas de este tipo provienen originalmente del año 2008? ¿Y qué pasa si se utilizan otros terminales y servicios de otras compañías?
Una vez más, el viejo dilema de la privacidad frente a la seguridad. ¿Es razonable un mundo en el que todo lo que transmitimos a través de nuestras comunicaciones está sujeto a monitorización gubernamental por si acaso somos malos?
ACTUALIZACIÓN: RIM ya ha contestado al gobierno de los Emiratos Árabes, aclarando que operan bajo sistemas de clave simétrica en la que el cliente crea su clave, de la que solo él tiene copia, y que nadie, ni siquiera RIM, puede acceder a sus datos, dado que no existe ninguna “clave maestra” ni puerta trasera de ningún tipo en el sistema. En su respuesta, RIM deja claro que bajo ningún concepto comprometerá la integridad y la seguridad de sus soluciones corporativas, que el uso de sistemas de cifrado robustos es habitual en todos los sistemas de correo inalámbrico corporativos, y que los gobiernos deberían ser capaces de satisfacer sus necesidades de seguridad y el cumplimiento de las leyes sin necesidad de comprometer los requerimientos de seguridad de las actividades comerciales.
En Cinco Días, hablando de redes sociales
Guillermo Sánchez Vega me entrevistó telefónicamente hace unos días y hoy me cita brevemente en su artículo de Cinco Días, titulado “Las redes sociales, el gran reto para las empresas” (ver en pdf).
